Los dos solos. ¡Qué bien aquí, en el puerto, altos!
Vencido verde, triunfo de los dos, al venir queda un paisaje atrás: otro enfrente, esperándonos.
Parar aquí un minuto. Sus tres banderas blancas —soledad, nieve, altura— agitan la mañana.
Se rinde, se me rinde. Ya su silencio es mío: posesión de un minuto.
Y de pronto mi mano que te oprime, y tú, yo, —aventura de arranque eléctrico—, rompemos el cristal de las doce, a correr por un mundo de asfalto y selva virgen.
Alma mía en la tuya mecánica; mi fuerza, bien medida, la tuya, justa ...
Pedro Salinas

Hiiii-jhaaaaaaaaaa !!!!
ResponderEliminarHasta el infinito y más allá Muñeca de Trapo !!!!!
Besosssssssssssssss