Mas allá de valles, paisajes de ensueño, antiguos puentes de piedra, cruceiros, soberbias y misteriosas iglesias, castillos templarios... Peregrinaje... Depositar una piedra en la mítica Cruz de Ferro, y pasar pagina. Mas allá del camino de las estrellas y de sus paisajes intactos, sus aldeas perdidas en el tiempo, sus tenues nieblas... Su gente.
... La verdad es que cada vez que lo vuelvo a ver me doy cuenta de lo que supone la inspiración. Una idea sencilla pero acertada, que toca el corazón....
Y eso, como se suele decir... Es un don que tiene poca gente. Hace unos años nos visitó y hoy vuelve a mi buzón.
Cortometraje de 4 minutos que ganó un premio en Festival de Cannes.
Mil disculpas por mi error, siento no haber actuado como una buena investigadora y haber sabido donde estaba la verdad de la noticia... ... Esta claro que no habría sido una buena periodista. Un abrazo.
Sin palabras me he quedado al leer semejante barbaridad en pleno siglo XXI. El domingo 25 de Enero, Se publico una información sobre TOMMY HILFIGER, un diseñador de ropa que lleva su nombre y que me gusta, me gusta mucho...mejor pensado...me gustaba mucho. Oprah Winfrey en uno de sus programas más recientes, entrevisto a Tommy Hilfiger y durante la entrevista, Oprah le pregunta si de verdad él había hecho el siguiente comentario: 'Si yo hubiera sabido que los negros americanos, los judíos, los latinos, colombianos, Venezolanos, cubanos, mexicanos y los asiáticos comprarían mi ropa, no la hubiese diseñado tan buena. Desearía que ese tipo gente no comprara mi ropa, pues esta hecha para gente caucásica, de clase alta... y desearía dársela mejor a los cerdos…' Ante la pregunta de Winfrey de si el había hecho tan cruda afirmación, Hilfiger respondió con un simple y escueto SI. Admitiendo también, su odio por los judíos y su admiración por Hitler... Esta claro que hay que darle lo que pide, simplemente no comprando sus creaciones, me siento como una estúpida, haciéndole la fortuna a una persona que fomenta el odio, la discriminación, el racismo...entre otros. Solo espero que esta determinación de no volver a comprar nada de semejante personaje sea apoyada por todo ser humano con dos dedos de frente.. Un saludo.
"Los cuentos sirven para dormir a los niños... ... y despertar a los adultos"
En una ciudad del más lejano Oriente vivía una joven llamada Fátima, la hija preferida de un próspero hilandero. Un día, su padre le dijo: -Hija, has aprendido el oficio y te has convertido en mi ayudante. Quiero que vengas conmigo a una travesía, pues tengo negocios que hacer en las islas del Mediterráneo. Tal vez encuentres un joven atractivo, de buena posición, al cual podrás tomar por esposo.
Se pusieron en camino y viajaron de isla en isla, el padre haciendo sus negocios y Fátima soñando con el esposo que pronto podría ser suyo. Pero un día, cuando estaban camino de Creta, se levantó una tormenta y el barco naufragó. Fátima, semiconsciente, fue arrojada a una playa cercana a la ciudad de Alejandría. Su padre había muerto, dejándola completamente desamparada. A partir de entonces, su vida pasada le pareció un tenue recuerdo lejano. Estaba completamente exhausta por la experiencia del naufragio, por tantas horas expuesta a las inclemencias del mar… Mientras vagaba por la arena, una familia de tejedores la encontró y, aunque eran muy pobres, la llevaron a su humilde casa y le enseñaron el oficio. De esta sencilla manera, Fátima inició una segunda vida y, al cabo de uno o dos años, habiéndose reconciliado con su suerte, recobró su felicidad. Pero una mañana, estando en la playa, una banda de mercaderes de esclavos desembarcó y se la llevó junto con otros cautivos. Pese a lamentarse amargamente de su suerte, la muchacha no encontró ninguna compasión por parte de ellos, quienes la llevaron a Estambul y la vendieron como esclava. Por segunda vez, el mundo se había derrumbado.
Uno de aquellos días, sin embargo, apareció en el mercado un hombre que buscaba esclavos para trabajar en su aserradero, donde fabricaba mástiles para barcos. Cuando el mercader vio el abatimiento de la infortunada Fátima, decidió comprarla, pensando que podría ofrecerle una vida un poco mejor que la que habría de recibir de cualquier otro comprador. Llevó a Fátima a su hogar con la intención de hacer de ella una sirvienta para su esposa, pero, al llegar a su casa, se enteró de que había perdido todo su dinero, pues su cargamento más importante había sido capturado y robado por unos piratas. Comprendió que ya no podría afrontar los gastos que le ocasionaba tener tantos trabajadores, de modo que él, Fátima y su mujer quedaron solos para llevar a cabo la pesada tarea de fabricar mástiles. Fátima, agradecida a su empleado por haberla rescatado, trabajó tan duramente y tan bien que tiempo después él le dio la libertad. Gracias a su esmero, ella llegó a ser su ayudante de confianza. Fue así como logró ser relativamente feliz en su tercer oficio. Un buen día el mercader le dijo: -Fátima, necesito que vayas a Java con un cargamento de mástiles. Asegúrate de venderlos con provecho. La muchacha se pues en camino, pero al pasar frente a las costas de China, un tifón hizo naufragar la embarcación y, una vez más, salvó milagrosamente su vida mientras era arrojada a las playas de un país desconocido. Otra vez lloró amargamente, pues sentía que en su vida nada sucedía de acuerdo a sus expectativas. Siempre que las cosas parecían andar bien, algo espantoso ocurría malogrando todas sus esperanzas. -¿Por qué será –exclamó Fátima por tercera vez- que siempre que intento hacer algo se malogra? ¿Por qué tienen que ocurrirme tantas desgracias? Pero no hubo respuesta, de manera que se levantó de la arena y caminó tierra adentro.
En China nadie había oído hablar jamás de Fátima, ni existía persona que supiera acerca de sus problemas. Sin embargo, en uno de aquellos reinos existía la leyenda de que un día llegaría allí cierta hermosa mujer extranjera, capaz de enseñar a construir enormes tiendas para sus ejércitos, un arte por entonces muy codiciado. A fin de estar seguros de que la esperada extranjera no pasara inadvertida si un día pisaba aquel suelo, el rey solía mandar heraldos a todas las ciudades y aldeas, pidiendo que cada mujer extranjera fuera llevada a la Corte. Fue precisamente en una de esas ocasiones cuando Fátima, agotada, llegó a una ciudad costera de China. La gente del lugar habló con ella por medio de un intérprete, explicándole que tendría que presentarse ante el rey. -Señora –dijo el rey cuando Fátima fue llevada al castillo-, ¿sabéis fabricar una tienda capaz de resistir los embates de las campañas de mis ejércitos? -Creo que sí –respondió Muy pronto, habiendo comprobado la mala calidad de las sogas que poseían, recurrió a los conocimientos de sus tiempos de hilandera, recogió lino y fabricó las cuerdas. Luego pidió una tela fuerte, y también la juzgó inadecuada para el uso. Entonces, utilizando su experiencia con los tejedores de Alejandría, fabricó una tela resistente para hacer tiendas. Más tarde, como había sido enseñada por el fabricante de mástiles, de Estambul, hábilmente confeccionó unos sólidos parantes. Al quedar estos listos, se devanó los sesos recordando todas las tiendas que había visto en sus viajes, y he aquí que la tienda fue construida. Cuando esta maravilla fue mostrada al rey, él le ofreció dar cabal cumplimiento a cualquier deseo que ella expresara. Fátima eligió entonces establecerse en China, donde se casó con un atractivo príncipe y rodeada por sus hijos vivió hasta el final de sus días. Fue a través de estas aventuras como Fátima comprendió que aquello que le había parecido, en su momento, una experiencia desagradable, resultó ser parte esencial en la elaboración de su felicidad final. "Fátima, la hilandera" Extraído del libro Todo (no) terminó, de Silvia Salinas.