
“De aquí me pareció que el tiempo no es otra cosa que una extensión; pero ¿de qué? No lo sé, maravilla será si no es de la misma alma. Porque¿qué es, te suplico, Dios mío, lo que mido cuando digo, bien de modo indefinido, como: “Este tiempo es más largo que aquel otro”; o bien de modo definido, como: “Este es doble que aquél”? Mido el tiempo, lo sé; pero ni mido el futuro, que aún no es; ni mido el presente, que no se extiende por ningún espacio; ni mido el pretérito, que ya no existe. ¿Qué es, pues, lo que mido?”.“En ti, alma mía, mido los tiempos”’(Confesiones. San Agustín).
Efrén Martín, profesor de la Universidad Comercial de Deusto, en uno de sus artículos, dice que comienza a demostrase, que en situaciones de peligro, la percepción del tiempo se enlentece; porque el cerebro trabaja de forma más precisa y rápida para encontrar una salida ante una grave amenaza para la supervivencia.
Bajo presión se agudiza la percepción, la memoria y la inteligencia; tanto, que algunos dicen haber visto desfilar su vida en un instante. El tiempo se apura al máximo. No es un fenómeno habitual ni duradero, porque lo más común es que no sepamos aprovechar un día entero.
Comenta que la mente es nuestra máquina del tiempo, que puede representarlo desde el presente hacia el futuro o viceversa; y también acortarlo o alargarlo mediante un Efecto Doppler en el que la onda temporal, que no es sonora ni electromagnética, se percibe de forma diferente según viene o se va (largo le parece el día al niño y breve la vida al anciano). Merece la pena reflexionar sobre las dos posiciones extremas de nuestro acordeón temporal.
...El tiempo, que parece irse acelerando a medida que avanza la vida, a medida que vas madurando, que pasa deprisa y empiezas a sentir que se te escapa entre los dedos.....
Tu tiempo se escapa, aprovechalo".
Creo que no somos más que tiempo. Somos un período de tiempo, el que permanecemos sobre la tierra, haciendo y deshaciendo, pero muchas veces sin dejar la mínima huella. Como el humo, que baila un momento en el aire y desaparece. Si al menos consiguiéramos dejar una marca propia, una muesca en el tiempo de los demás...
ResponderEliminarBravo! Bravíiisimo! El texto de san Agustín y tus reflexiones finales.
ResponderEliminarEs cierto. Te pasas la vida esperando. Esperando que te adjudiquen un destino o un puesto de lo que sea. Esperando que llegue el viernes. Esperando que lleguen las vacaciones. Y los días pasan sin que nos demos cuenta. Sin ni siquiera ser capaces de percibir la huella que deja en nosotros el tiempo. Recuerde el alma dormida...
Un abrazo, Muñeca de Trapo. Gracias por esta entrada! Carpe Diem!!
Es una entrada magnífica, Muñeca de trapo.
ResponderEliminarTocas uno de mis temas favoritos, en el ámbito de la física teórica. Por más que se ha demostrado el paradigma de la Relatividad Especial y General, siguen siendo fascinantes estas paradojas del tiempo que planteaba Einstein.
(Me has animado a una próxima entrada en mi blog que te dedicaré).
Enhorabuena.
Fernando,creo que sí somos capaces de dejar esa muesca de la que hablas... en un libro,... en un hecho importante,...en un hijo.
ResponderEliminarHay cosas por las que nos recordaran, al menos durante algún tiempo.
Un abrazo.
Fidelio, me alegro que te gustara mi entrada!.
ResponderEliminarLlega un momento en la vida,en el cual, te das cuenta del paso del tiempo, es como si de pronto despertases de un sueño y vieras como ha pasado el tiempo, y en ese momento eres consciente de que hay que tomar medidas serias para no sentir que se te escapa.
Un abrazo.
Rogelio, muchas gracias.
ResponderEliminarComo has demostrado mas de una vez, tu eres el experto en todos estos temas y comparto contigo algo tan asombroso ... el espacio, el tiempo, la teoría de ese científico tan poco convencional, Einstein.
Un abrazo.