jueves, 15 de enero de 2009

La Dama y su montaña.






Antes de que se oyese por estos lares la palabra que los gentiles daban a Cristo,la reina absoluta del cielo y de la tierra vasca era Mari, diosa de la tormenta y del pedrisco, juez implacable de la mentira y del robo entre pastores, dueña de todos los manantiales salutíferos y de (por lo menos) cuatro casas. Lo que la hace inconfundible es que puede volar. Que nosotros sepamos, llegó a tener domicilio en los montes de Itxina, Aloña, Oiz y Anboto.Este último, el punto más alto del actual parque natural de Urkiola, debía de ser su residencia predilecta, pues se decía que estaba allí cada vez que llovía, cosa que ocurre, según las estadísticas, 45 días de cada 100. De ahí que Mari acabara siendo más conocida como la Dama de Anboto. Más formal que Mari, más a diosa, sí que suena.
El lugar preciso donde moraba esta señora es una cueva (Mariyenkobia) que se abre en la cara oriental del Anboto, una pared espeluznante que cae a plomo desde los 1.330 metros de la cima hasta los 237 del pueblecito de Arrázola. No es un sitio para subir cada dos por tres de romería, y menos con un carnero a cuestas (sacrificio, al parecer, grato a la Dama). Por eso los pastores levantaron un santuario en el cercano y mucho más accesible puerto de Urkiola, a medio camino entre Durango y Otxandiano, donde los fieles aún rezan a san Antón sin saber que debajo del sayo del patrón de los animales se esconde Mari, y donde los devotos de la naturaleza inician la subida al Anboto sabiendo que su diosa puede llamarse de mil maneras: Mari, Gea, Fauna, Flora...
Vivían juntas una madre y una hija de corta edad. Como la madre era muy mala, en cierta ocasión maldijo a la niña: “Ojalá te lleve el diablo”. Y nada más decirlo, el diablo se llevó a la niña a Gaiztozulo. Poco tiempo después, unos hombres se encontraron por aquella zona con una niña que se ocupaba en recoger leña. Le preguntaron: “¿Qué haces?”. Y ella respondió: “Recojo leña”. “¿Dónde vives?” -insistieron los hombres-. La niña no dijo nada esta vez, limitándose tan sólo a señalar hacia lo alto de Aloña. Entonces cubrió la niebla a los hombres y la niña desapareció.
Monte Amboto, el monte sagrado para los antiguos vascos, la morada de la Diosa Mari. Bello é imponente dominando el valle.

6 comentarios:

  1. tendre que ir a verlo. Pinta muy bien. La verdad es que he estado varias veces en el PAis VAsco aunque no lo conozco tanto como querria
    Además, me encanta la montaña y el senderismo.

    Un beso

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  2. Me alegro que conozcas esta tierra, la combinacion de mar y monte es maravillosa, sus colores, sus olores... se que hay personas reacias a venir a conocerla...ya sabes los motivos, pero aquí estamos personas normales que nos gusta compartirla.
    A mi también me gusta la naturaleza, nuestra Madre tierra, hace mejor al hombre.

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  3. Supongo que hay gente que no entiende que vivir siempre es arriesgar. HE visitado lugares mucho mas "peligrosos" que el pais vasco. Y nada, salvo un estado de guerra abierta como la situacion actual en Gaza, me impediria ir a un lugar

    El Pais Vasco es unlugar precioso, limpio, de gente noble. Con una identidad especial y maravillosa. Es una experiencia increible poder tomar unos pinxos con unos vascos. Las horas pasan y la conversación fluye sin cesar. Son recuerdos imborrables los que tengo de Euskadi. LA verdad es que me recuerda mucho a mi tierra, quizas en el Pais Vasco mas concentrada, y con un mar bastante mas bravo, pero la variadad orográfica y climatica me recuerda mucho. Y lo que decias sobre todo de los olores y los colores,me lo quitaste de la boca.
    Bueno, buen finde,

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  4. Supongo que ya lo conoces, pero este es mi favorito de Bucay (supongo que porque en el subyace la filosofia de vida en que yo creo).. Buenas noches

    "Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador...
    Un buscador es alguien que busca; no necesariamente alguien que encuentra.
    Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.
    Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Había aprendido a hacer caso riguroso de estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo. Así que lo dejó todo y partió.
    Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó, a lo lejos, Kammir, Un poco antes de llegar al pueblo, le llamó mucho la atención una colina a la derecha del sendero. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores. La rodeaba por completo una especie de pequeña valla de madera lustrada.
    Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.
    De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquél lugar.
    El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.
    Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de aquel paraíso multicolor.
    Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió aquella inscripción sobre una de las piedras:

    Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días


    Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que aquella piedra no era simplemente una piedra: era una lápida.
    Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en aquel lugar.
    Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. Decía:

    Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas


    El buscador se sintió terriblemente conmocionado.
    Aquel hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra era una tumba.
    Una por una, empezó a leer las lápidas.
    Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.
    Pero lo que lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los once años...
    Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.

    El cuidador del cementerio pasaba por allí y se acercó.
    Lo miró llorar durante un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
    -No, por ningún familiar —dijo el buscador—. ¿Qué pasa en este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué hay tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que les ha obligado a construir un cementerio de niños?
    El anciano sonrió y dijo:
    - Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré...:

    “Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta como esta que tengo aquí, para que se la cuelgue al cuello. Es tradición entre nosotros que, a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:

    A la izquierda, qué fue lo disfrutado.
    A la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

    Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media...?
    Y después, la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso...¿Cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?
    ¿Y el embarazo y el nacimiento del primer hijo...?
    ¿Y la boda de los amigos?
    ¿Y el viaje más deseado?
    ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?
    ¿ Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?
    ¿Horas? ¿Días?

    Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos... Cada momento.

    Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es para nosotros el único y verdadero tiempo vivido".

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  5. Preciosa la forma de contar la historia. Recreada en lugares y tiempos conocidos.
    Felicidades por este blog.

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  6. Albert, no lo conocía, pero como lo había prometido... lo he leído.
    Sin animo de ser repetitiva...me ha encantado! porque para mi también, como tu dices, es la filosofía de vida en la que creo.
    La primera parte...
    ..."Un buscador es alguien que busca; no necesariamente alguien que encuentra.
    Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda"...
    es como yo me veo,y cuantas veces(no voy a mentir),he sentido la necesidad..."sintió que debía ir hacia ... hacer caso riguroso de estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo"...y dejar todo.
    Un beso.

    Gracias Fernando por tu apoyo!!

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